La Malformación de Arnold-Chiari y la columna

Algunas enfermedades tienen una localización a caballo entre dos áreas importantes de nuestro cuerpo. Este es el caso de la Malformación de Chiari y, en concreto la de tipo I, que es la más frecuente y a la que nos referiremos hoy.

La malformación de Arnold-Chiari tipo I (MAC), es una patología que generalmente afecta a la región occipital del cráneo y a la primera y segunda vértebra. Es muy probable, además, que el paciente presente asociadas otras malformaciones como podría ser una escoliosis. Por este motivo es interesante que el especialista que las trate tenga una formación especializada tanto en cráneo como en columna, para poder abordar el problema de forma completa. Y es aquí donde, en BSI, podemos ofrecer como neurocirujanos y especialistas en columna, un abordaje holístico de esta patología.

¿Cuándo empiezan los síntomas?

La MAC es una malformación que se produce en el proceso de crecimiento del cráneo. Desde el nacimiento y en los años sucesivos, el cráneo en su región occipital no crece lo suficiente como para que el cerebelo (parte del cerebro que queda contenida en esta parte del cráneo), tenga el espacio adecuado. Debido a ello, se comienza a desplazar una parte (las amígdalas cerebelosas) hacia la zona inmediatamente contigua, que es el foramen magno (el agujero que permite el paso de la médula desde su origen en el cerebro, hasta el canal raquídeo). Esta condición origina un conflicto de espacio en este foramen magno, en el que tienen que convivir médula y cerebelo, y es cuando empiezan los síntomas.

Generalmente, la enfermedad se diagnostica en la edad adulta, aunque puede haber comenzado mucho antes. Esto ocurre porque es entonces, por la falta de espacio para cerebelo y médula, que empieza a dar síntomas. Es más frecuente en mujeres que en hombres, aunque estos también pueden sufrir este problema.

Los síntomas que la caracterizan son tan genéricos y, a veces, sutiles, que los pacientes pueden pasar años sin diagnosticar. Entre ellos se encuentran los dolores de cabeza opresivos que se producen en la parte posterior de la cabeza, pero también detrás de los ojos: cada vez más intensos y frecuentes y sin alivio fácil con la medicación habitual para el dolor. A veces se acompañan también de rampas en los brazos y las piernas, hormigueo en las plantas de los pies; o pitidos o embotamiento en los oídos, como si estos estuvieran rellenos de líquido.

El tratamiento

El tratamiento de la malformación de Chiari depende de su gravedad y de los síntomas del paciente. Si no hay síntomas o son muy leves, pero la enfermedad ya ha sido detectada, a menudo es suficiente realizar un seguimiento y controles para evaluar su progreso. Si la falta de espacio y el descenso amigdalar son importantes y se acompañan de síntomas diarios que limitan la vida del paciente, frecuentemente se puede valorar realizar un tratamiento quirúrgico cuyo objetivo principal es detener la progresión de la enfermedad, y la aparición de nuevos síntomas. En una gran parte de los pacientes se consigue aliviar el dolor de cabeza diario, y otros síntomas limitantes.

Cuando la MAC se acompaña de escoliosis, suele diagnosticarse en edades más tempranas. Es cuando es clave un equipo multidisciplinar que pueda hacer una evaluación global y, así, poder dar soluciones integrales y un abordaje desde varios puntos de vista terapéuticos que permitan al paciente una mejoría temprana de sus síntomas, permitiéndole reincorporarse a su vida normal.

Dra. Mireia Ilueca

La necesaria conversación sobre las complicaciones quirúrgicas

Complicaciones quirúrgicas

Todos desearíamos que nunca hubiera complicaciones tras una cirugía. Pero existen. Y por ello, nada mejor que hablar de ellas y juntos, médicos y pacientes, hacer equipo para evitarlas siempre que ello sea posible.

El origen de las complicaciones es muy diverso y son varios los factores que pueden estar implicados.

Entre otros, destacan  los biológicos,  como la calidad del hueso o los tejidos, que son distintos según las personas y que conllevan, por ejemplo, columnas más flexibles o, por el contrario, más inestables. También distintas condiciones de cicatrización o de anclaje de los implantes al hueso. Asimismo, la edad también produce huesos más frágiles, recuperaciones más lentas y patologías asociadas. Pero también es cierto que los pacientes pueden contribuir a controlar o mejorar sus condiciones generales de salud antes de someterse a una intervención. Evitar la obesidad o el tabaquismo, la falta de ejercicio físico, o el descontrol de una diabetes son elementos que juegan a favor de prevenir posibles complicaciones.

Medidas

Los cirujanos también tomamos todas las medidas posibles para proteger a los pacientes de complicaciones relacionadas con causas de índole más técnica. Hay que tener en consideración que cada cirugía tiene sus riesgos específicos y cuanta mayor complejidad presente la operación, más posibilidades de que ocurran complicaciones quirúrgicas. Por eso, supervisamos que en el quirófano la colocación sea la más adecuada; monitorizamos el sistema neurológico; comprobamos que los implantes -si los hay- estén correctamente colocados, y somos muy rigurosos con las condiciones de asepsia para evitar infecciones, entre otras muchas cuestiones.

A pesar de todos nuestros esfuerzos, sin embargo, sigue habiendo algunos pocos casos de pacientes en los que se producen infecciones; problemas específicos que acaban generando dolor como resultado de una intervención; o complicaciones mecánicas relacionadas con implantes. Somos conscientes de que a pesar de los avances tecnológicos,  no es posible aún controlar algunos factores, particularmente  los relacionados con la biología de las personas.  Tampoco todos los organismos responden igual a las maniobras que realizamos. Aunque nadie las desea, a veces son necesarias nuevas intervenciones para resolver definitivamente una complicación.

 

Investigación

Así, en este terreno de la prevención de complicaciones, también la investigación juega un papel decisivo. En BSI, somos capaces de estratificar el riesgo gracias a nuestra participación en el European Spine Study Group (ESSG), grupo internacional de cirujanos que estudiamos miles de casos de pacientes y aplicamos técnicas de inteligencia artificial a los datos recogidos sobre las intervenciones para extraer conclusiones que nos ayudan a nosotros, y a nuestros pacientes, a tomar mejores y más fundamentadas decisiones ante una intervención.

 

Aunque no nos encontramos en situación de “complicación cero”, trabajamos para acercarnos lo máximo posible. Y defendemos una conversación clara, honesta y transparente sobre los beneficios de una cirugía cuando procede, y también sobre sus posibles complicaciones. No hay mejor equipo que el de médico y paciente trabajando juntos para asegurar el mejor resultado de una operación.

 

Dra. Susana Núñez

La neurocirugía de columna: los tumores raquídeos

La neurocirugía de columna: los tumores raquídeos

 

La cirugía de columna requiere de especialistas capaces de abordar intervenciones de alta complejidad. Éstas pueden dirigirse, por ejemplo, a la estabilización o la corrección del tronco, o al tratamiento de desórdenes o lesiones que afectan al sistema nervioso de la columna, como puede ser la aparición de tumores. Este último caso no es frecuente y habitualmente se trata de una patología de carácter benigno. Una complicación en una cirugía  de este tipo puede traducirse en una limitación seria de la movilidad o en una consecuencia neurológica grave, por lo que la habilidad y la experiencia de un cirujano especializado en columna es de extrema importancia. 

Los tumores raquídeos pueden ser primarios o secundarios. 

Cuando se trata de tumores primarios, generalmente nos encontramos con una afectación dentro del canal. Son tumores que o bien se encuentran dentro de la propia médula o bien la comprimen. Aquí el neurocirujano especializado en columna debe practicar una intervención específica, de tipo microscópico, con monitorización intraoperatoria de la médula para garantizar su normo funcionamiento después de la intervención.

La neurocirugía de columna: los tumores raquídeosEn los casos de tumores secundarios, se trata de lesiones que provienen de afectaciones oncológicas previas en otros órganos. Al producirse una metástasis, el tumor afecta el hueso de la columna y si invade el canal, produce un déficit neurológico. Este tipo de tumores son los que abordamos en BSI con un enfoque multidisciplinar, con el fin de minimizar posibles consecuencias. Unimos el estudio biomecánico y el estudio neurológico de la columna del paciente con una visión integradora y especializada a la vez, que es única, y propia de nuestra forma de entender la cirugía de columna.

Estas patologías no tienen prevención, pero como ya se ha indicado, el pronóstico suele ser bueno. Los pacientes, generalmente adultos a partir de los 40 años, acuden a la consulta cuando pierden fuerza en las piernas, tienen sensaciones anómalas como hormigueos en las extremidades o el torso, o dolores nocturnos en la zona de la espalda donde se encuentra ubicado el tumor. El diagnóstico se lleva a cabo principalmente mediante una resonancia. 

La recuperación total depende en gran medida del estado en el que se llega a la cirugía. Como es habitual, cuanto antes se detecta un problema de salud, mejor. Es esencial consultar ante síntomas extraños pues la compresión de la médula o de las raíces nerviosas, de no ser tratada, puede resultar en afectaciones graves como paraplejias o tetraplejias. Disponer de un pronto y acertado diagnóstico es decisivo. 

En los pocos casos en los que el tumor presenta malignidad, a veces es necesario realizar sesiones de radio o quimioterapia con posterioridad a la intervención. Para el resto se requerirá de una rehabilitación específica, que nuestro propio equipo puede realizar, en comunicación con el cirujano. 

Nuestra recomendación, por consiguiente, es disponer de una atención clínica que permita diagnosticar apropiadamente lo antes posible; una decisión quirúrgica que busque sólo el beneficio del paciente y que lo intervenga con el mejor conocimiento y la mejor técnica disponibles; y una rehabilitación posterior adecuada a cada persona que no quede desligada de la experiencia de la cirugía.

En definitiva, una visión honesta e integradora en la especialidad de columna, colaboradora, y focalizada en cada paciente.

 

Dr. Jesús Lafuente